LA TRIBU

MI PEQUE, UN CIR

Lo primero que te preguntas es que has hecho mal para que esto sea así. Sin embargo, uno de cada diez bebés no creció lo suficiente antes de nacer y en el 40% de los diagnósticos de CIR no hay una razón aparente, por lo que sentirte culpable no sirve de nada.

Pero, ¿qué significan estas siglas? Crecimiento Intrauterino Retardado. Podemos definirlo como la disminución patológica del ritmo de crecimiento del feto mientras se desarrolla dentro del útero, que tiene como consecuencia que el bebé no consiga alcanzar el tamaño previsto y que, por lo tanto, tenga más riesgo de padecer complicaciones perinatales o, incluso, de morir. Expresado así asusta bastante. Por motivos que se desconocen, en muchos casos el bebé no obtiene todos los nutrientes que necesita porque la placenta deja de funcionar bien.

Existen dos tipos de CIR: simétrico y asimétrico. El primero se da en fetos con alteraciones graves pero también en bebés que son constitucionalmente pequeños. El CIR asimétrico suele aparecer en un momento avanzado del embarazo más o menos hacia el tercer trimestre, como fue mi caso. Se caracteriza por que existe una descompensación en los parámetros que miden el crecimiento fetal: el tamaño del cráneo, el del abdomen y el del fémur. Es decir, alguno de ellos se ajusta más a la edad gestacional y algún otro da una medida inferior. Este tipo de CIR es el más habitual y es el que me tocó a mí.

Hacia el final del segundo trimestre el tamaño del peque empezó a estancarse, la primera señal de alarma la dio mi ginecóloga del seguro privado. Según ella iba aproximadamente con una o dos semanas de retraso. Apenas le dimos importancia aunque ella me mandó unos batidos que eran proteína pura (y también una gran dosis de porquería, pero esa es otra cuestión que ya abordaré en otro momento). Por aquel entonces yo había tenido un período de gran estrés laboral, estaba agotada y me encontraba fatal pero la doctora de cabecera que tenía por aquel entonces no me daba la baja laboral (el tema daría para otro post y no descarto escribirlo en el futuro).

Después de las vacaciones de semana santa me tocaba el control en la sanidad pública y su valoración fue la misma que la de mi doctora: el peque crecía muy despacio. Estábamos entonces en el percentil 25, qué odiosa palabra: percentil. Y tantas veces que tendría que escucharla en adelante. Una de las primeras preguntas que me hicieron es si fumaba, pregunta que se repite aún hoy cuando llevo al bebé al pediatra. Pues no, no fumo. No he fumado nunca, creo que hay pocas personas que odien más el tabaco que yo. Sin embargo aunque en mi informe lo ponía, cada vez que iba no dejaban de preguntármelo. Por lo visto hay una incidencia mayor de bebés CIR en mamas fumadoras. Se cree que la nicotina produce una vasoconstricción de los vasos uteroplacentarios lesionando su pared y provocando que la placenta no funcione correctamente. De hecho los bebés de madres fumadoras suelen pesar de media unos 100-300 gramos menos de lo normal.

También se interesaron por mi nivel de estrés, me prescribieron reposo absoluto y me recomendaron coger la baja laboral. Pero afortunadamente había cambiado de médico y mi nueva doctora me había dado la baja apenas dos días atrás. Según algunos estudios existe una relación directa entre el estrés y bebés CIR o prematuros. Se piensa que el estrés provoca una interferencia general con los mecanismos que aseguran un correcto desarrollo del embarazo.

Decidieron ir citándome cada semana o cada diez días para ver cómo evolucionaba. Por supuesto nadie te dice en ese instante que tu pequeño es un CIR, tampoco es que sirva para mucho la información y posiblemente ellos tampoco puedan delimitar en ese momento que lo sea, es decir, podría ser un bebé constitucionalmente pequeño, que también los hay.

El caso es que le cogí pánico a la ecografía porque cada vez que íbamos estábamos igual. Sin embargo, la placenta parecía funcionar y el intercambio de oxígeno también. Entonces, ¿por qué no crecía? Imposible saberlo. Por supuesto que yo seguía las recomendaciones que me habían dado: descanso, nada de estrés y alimentación rica en proteína. Me tranquilizaba notar a mi peque moviéndose cada día. Siempre había sido un bebé muy activo, solía moverse mucho y yo pensaba que si de verdad le faltasen nutrientes estaría más apático. Intentas no obsesionarte pero no es fácil, temes por el bienestar de tu pequeño y eso impide que te relajes.

En la semana 36 en uno de esos controles la situación había cambiado, la placenta de repente aparecía envejecida y el intercambio de nutrientes podía estar comprometido. Habíamos bajado al percentil 10 y a partir de ese momento mi peque ya fue considerado un CIR.  Me plantearon una inducción al parto inminente. Si fuera por la ginecóloga que me atendió me hubiesen ingresado ese mismo día, que era martes. Sin embargo no había camas, así que me citaron para dos días después para un control, por si la situación empeoraba y programaron mi parto para el viernes.

La verdad es que fue un gran susto pero ni siquiera me plantee otra posibilidad. Si mi bebé no crecía desde luego que estaba mucho mejor fuera que dentro. Por otra parte, estaba a punto de conocer a mi pequeño. La historia continúa en el post Mi parto inducido.

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2 comentarios sobre “MI PEQUE, UN CIR

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